El espectro no está quieto: se despliega como un hilo invisible que se traza al pedalear. El territorio responde a las emisiones y capturas azarosas en un juego de resonancias móviles.
Éter es una bicicleta intervenida basada en un receptor y emisor de ondas de radio, permite explorar las capas invisibles del paisaje que atraviesan el cuerpo en movimiento. Recupera la idea de aire como flujo de transmisión física, simbólica y política, transformando esos flujos en materia sonora viva durante la travesía pactada por recorrer.
En el marco de FLUJOS y DIACRONÍAS, Éter se activa como parte de una deriva pedalúdica trans-tucumana, una escucha ampliada del Camino Real y sus entornos, modulando frecuencias locales, interferencias, voces fantasmales del espectro y emitiendo señales mínimas y poéticas en un diálogo desincronizado con los territorios atravesados.
Búsquedas para el viaje performático al FAB
Escucha activa de ondas (AM/FM, interferencias, transmisiones locales, voces lejanas). Lo que está en los límites de la audición humana (infrasonidos, ultrasonidos). Las capas ocultas o residuales del sonido: armónicos, ruidos de fondo, vibraciones sutiles. Emisión de mensajes, poemas, interferencias generativas o grabaciones locales. Todos los resultados según las modulaciones y especificidades de Éter.
La posibilidad de hacer audible lo que normalmente permanece "invisible" o latente en el entorno sonoro.
Interacción con actores del camino: estaciones de radio comunitarias, vecinos que escuchen o emitan, otros dispositivos.
Composición en movimiento: el pedaleo, la geografía, el clima y el cuerpo afectan lo que se escucha y se emite. El desafío es componerse con la bici y el espacio-tiempo del movimiento.
Dos bicicletas interconectadas generan, transmiten y transforman fragmentos del entorno sonoro mientras se desplazan juntas. Proponen una experiencia rítmica en movimiento, hecha de interferencias entre señales radiales y la escucha del ambiente al pasar.
E.T.E.R. es una experiencia Pedalúdica que investiga cómo intervenir los sonidos encontrados desde el movimiento puede construir otras percepciones de un entorno. Dos bicicletas modificadas —equipadas con sensores, radios, transmisores y dispositivos de modulación ambiental— conforman un sistema abierto de afectación mutua, donde el andar se transforma en el acto de componerse con el sitio.
No se busca representar el entorno tal como es, sino desviarlo. En cada recorrido, lo que se escucha no coincide del todo con lo que se ve. Ese desajuste entre percepción visual y sonora se vuelve una herramienta creativa: un sonido que no acompaña, sino que interrumpe, desplaza y reconfigura el paisaje.
La bicicleta ya no es solo un vehículo: es sensor, antena, circuito y pulso. El sistema no prioriza eficiencia ni sincronía, sino que explora la posibilidad de un ritmo emergente, sensible al modo de pedalear y a la relación entre señales cruzadas. En cada viaje, el sistema produce una pieza única e irrepetible: una composición hecha de cuerpos, señales y latencias.
Objetivos del proyecto y preguntas de investigación
Preguntas de investigación
Sistema de afectaciones mutuas
El sistema E.T.E.R. está compuesto por dos bicicletas físicamente autónomas pero interconectadas simbióticamente. Cada una interviene el entorno sonoro a su manera: decodificando espectros de radiofrecuencia, captando sonidos ambientales y modelándolos mediante sensores para luego transmitirlos o registrarlos de manera geolocalizada. Ninguna bicicleta es la principal. E.T. y E.R. funcionan como polos móviles de un mismo organismo sonoro. Cada una escucha, transmite, modifica y responde, pero también se ve afectada por lo que la otra hace. No se trata de una relación lineal de causa y efecto, sino de una correspondencia dinámica, situada y rítmica.
E.T. genera sonido procesando señales radiales en función de su desplazamiento. E.R., a su vez, no solo recibe esa señal, sino que la mezcla con el entorno que atraviesa: micrófonos, archivos geolocalizados, ruidos reales. Pero no se detiene ahí. Esa mezcla puede ser retransmitida como eco, como réplica o como desviación, a través de una señal analógica precaria (AM), que E.T. vuelve a incorporar como nueva materia sonora.
Ambas bicicletas se afectan entre sí mediante pulsos, transmisiones, ruidos compartidos.
Desarrollo técnico
Una de las bicicletas (E.T.) está equipada con una microcomputadora y un soporte de audio multicanal (Raspberry Pi Zero + Weird Audio Hat), sensores de rotación en el plato y ambas ruedas, y dispositivos de modulación ambiental. Estos sensores generan señales rítmicas (triggers) vinculadas al movimiento y determinan la forma de envolventes AD/AR para procesar tres canales de audio provenientes de radios sintonizadas en bandas diversas: AM, FM, onda corta o ciudadanas (canal 19).
Los parámetros sonoros se modulan en tiempo real mediante sensores analógicos que registran luminosidad, viento, orientación magnética o pendiente. Una llave selectora permite definir la densidad rítmica (cada 4, 8, 16 o 32 vueltas de rueda), y se prevé la posibilidad de combinatorias lógicas (AND/OR/XOR) entre triggers para complejizar la articulación sonora.
Todo el sistema corre un entorno de programación visual para audio en tiempo real (Pure Data), y puede controlarse vía OSC (Open Sound Control).
La segunda bicicleta (E.R.) funciona como nodo receptor, modulador y transmisor de audio geolocalizado. Recibe en tiempo real la señal transmitida por la primera bicicleta a través de un sintonizador FM, y simultáneamente monitorea y graba el paisaje sonoro directo mediante micrófonos ambientales vía grabadora digital (Tascam). Esta mezcla —entre señal radial, entorno y ritmo propio— puede retransmitir vía streaming, o bien registrar muestras en un dispositivo móvil junto con metadatos de localización. Además, esta bicicleta puede generar aportes sonoros propios del sitio (Echoes App), que retorna al sistema mediante emisión radial, completando así una relación retroactiva y no jerárquica entre ambos nodos.